Historias y cosas curiosas

Cuenta la leyenda la rivalidad entre Poseidón y Atenea por un gobernar un territorio, motivo por el que Zeus les impuso una prueba: presentar el regalo más útil para la humanidad. Quien triunfara, se llevaría los honores  y el patronato de la ciudad.

Existen varias versiones sobre el regalo de Poseidón. Unos hablan de que, con su tridente, abrió un río que anegó la ciudad; otras leyendas cuentan que ofreció un caballo: un animal noble, fuerte, tan útil para el hombre para los trabajos de labor del campo como resistente para la guerra.

Sobre Atenea solo existe un solo relato. El regalo que presentó fue un olivo. Explicó a los aldeanos las extraordinarias cualidades de su fruto: la sabrosa oliva que colgaba abundantemente de las ramas y que, además, se podía extraer un líquido muy sabroso (aceite de oliva) para darle sabor a las comidas, servía como combustible de lámparas para alumbrar durante la noche, resplandeciente para acentuar los músculos tonificados de los jóvenes atletas, excelente para hacer perfumes, emoliente y aliviador para las heridas.

Sin lugar a dudas, el regalo elegido por Zeus fue el de Atenea,  pasando a ser la soberana y protectora  de Atenas (en honor a su nombre), donde aún hoy podemos ver la ciudad rodeada de olivos.

El olivo se convirtió además, en símbolo de paz y emblema de la abundancia. Con sus bonitas ramas y hojas coronaban a reyes y atletas. La madera de su tronco servía para construir casas y barcos. En sus monedas  también aparecen ramas de olivo.

La moraleja de esta singular historia es que, ya en la antigua Grecia, supieron aprovechar con mucha inteligencia, todas las propiedades del aceite de oliva.